El ”Diablo” ya no matara más gente en San Miguel, impactante relato real del diario vivir.

El día que mataron a “el diablo” de la montaña

. ¡…Abuelita abuelita, mataron al diablo, lo mataron, ya no nos va a disparar más, abuelita…!!!, me dice mi nieto Miguelito.

El corazón me da varios saltos. Siento reseca la boca y le pregunto al niño…cómo fue que se murió ese desgraciado papito???? ¡¡¡Abue, abue…dicen que unos policías subieron la loma del diablo y que encontraron a los mareros. Después sonó fuerte la balacera.

Gritos y balazos era lo que se oía abuelita.
Ahí se murieron los mareros…!!!, me dice bien alegre mi niño

…Le brillan los ojos y da saltos de conejo…mi pobre muchachito. ¡¡¡Gracias San Miguel, San Miguel, San Miguel….!!!!,

Que por qué se alegra el niño?, me pregunta Usted.

Mi muchacho se alegra porque esos hombres malos y desgraciados le disparaban a mi muchachito y a sus compañeritos, cada vez que los veían. Sobre todo cuando iban a la escuela.

Esos demonios les disparaban a los niños, desde la montaña .

Les disparaban y les gritaban cosas. Les hacían señas y me los agarraban a balazos.

A los niños… a las criaturas que no saben nada ni deben nada. A ellos les disparaban. ¡Esto es por la 18, la bestia, la bestia !, gritaban esos hombres endemoniados y de ahí les disparaban a los pobres niños.

Mi muchachito lloraba en las noches y rezaba siempre pidiéndole a Dios que no les cayera ninguna bala. Mire, a veces se acostaba temblado.

El rezaba, “ Dios, Papá Dios, que no nos caigan los balazos, unos ángeles grandes, bastantes, bastantes ángeles, mándanos, para que nos cuiden en la calle de la pedrera.

Decía. “Cuídanos a la Tere, a la Cande a Marillita, a Raúl, a Chepe a todos cuídanos en la calle de los balazos…por favor, por favor, Papá Dios….mándanos unos ángeles…por favorcito …Amén”.

Viera que dolor da escuchar a mi niño cuando se acostaba alterado por los balazos.

Eso rezaba Miguelito y se dormía. A veces se despertaba gritando, llorando …que el diablo de camisa roja le había disparado y que sentía que se ahogaba…los mareros nos pegaron abuelita…nos morimos, nos morimos…gritaba”.

Cuando pasaba eso, el niño se orinaba en su camita y yo solo lloraba con él y le decía que ya Papá Dios se iba a encargar de esos demonios.
Fue por eso que le compré unas estampitas de San Miguel aplastando al diablo.

Miguelito dormía con su estampita. Le mandé también a los niños que caminaban con mi niño en la calle de La Pedrera.

Desde hace un año que los malos, se apoderaron de la montaña, El Risco, ahí vivían. Cuando pasaba una patrulla le gritaban y salían corriendo a esconderse.

De lejos los veíamos, eran grupos de hasta 20 o más perversos.

Ya mis muchachitos conocían bien a la muerte. A veces silbaba en forma de bala. Primero el morterazo y después pasaban chiflando las balas.

A veces eran unas brazas que venían volando en dirección de los niños. A medio camino, perdían fuerza y no alcanzaba a llegar a mis pobres cipotíos.

Eso lo aprendimos. Un policía nos contó que las balas de las pistolas no alcanzaban a llegar hasta la calle donde pasaban los niños.

Pero que las otras brazas que disparan los fusiles, esas sí llegan y hasta pasan de la calle.

Por eso cada vez que a los mareros, los mirábamos en la montaña, con los garrotes que les dicen fusiles, ahí nos preocupábamos.

Todos los días, unas mujeres se acercaban a la orilla de la calle y les dejaban bolsadas de comida, la escondían y después unos mareros bajaban y se llevaban la comida y ropa.

Ellos no permitían que otra gente caminara por esa montaña, o lo mataban ó lo amenazaban, ya no se podía subir al Risco.

Subir era una sentencia de muerte.

Los últimos muertos, fueron una señora panadera y su niño de 12 años. El diablo de rojo llegó hasta la casa en cantón Quezalapa y entraron a puras patadas a la casa.

Con escopetazos en la cabeza, mataron a la panadera y su criatura. La mataron por la renta.

Ellos fueron, los diablos de la montaña.

Hasta que les llegó el día.

Lo poco que sabemos es que unos policías soldados llegaron hasta donde estaban esos hombres. Luego sonaron balazos y gritos y más balazos, de esos pijazos que los niños temían.

Después tronó y tronó y vino el silencio, todo se quedó en silencio.

De repente, una y otra sirena para acá en la pedrera. Gritaban que había un policía herido. Pedían un doctor.

Un solo descontrol, hasta un gran helicóptero, apareció en el cielo.

El papaloteo hizo sacudidas la laminitas del techo.

Agarramos valor y fuimos a ver de lejos. Dicen que mataron a los desgraciados, dicen que hirieron en las piernas a un policía, dicen que mataron al diablo de rojo, dicen que tenían una champa de plástico, dicen de fusiles y pistolas. Cada vez más y más cosas.

De repente veo a mi niño, en medio de patrullas y policías, y me grita desde lejos: ¡¡¡…Abuelita abuelita, mataron al diablo, lo mataron, ya no nos va a disparar más, abuelita…!!!

El salta y lo abrazo fuerte, le digo que Dios nos mandó a unos ángeles, bastantes ángeles como él le pedía a Dios.

Diosito te oyó, mi muchachito y te mandó bastantes ángeles. Mire cuantos le mandó hijo…en lo que miraba a los policías y soldados, llenos de lodo, revolcados, sudados. Las botas estaban llenitas de agua lodosa y tierra…!!!

Yo, como mujer vieja, como abuela de Miguelito, le pido al gobernante, que a cada policía ó soldado, que mate a un desgraciado, que, le regalen una casa, que, le den un regalo, que le den pisto. Ellos se lo merecen.

Esos pobres muchachos se arriesgan al enfrentarse a esos hombres endemoniados, malos.

¡¡¡Miguelito, ya no te va a molestar más ese diablo, se lo van a comer los gusanos, por malo.

A un niño no se le molesta ni se le dispara, Dios castiga a los malos Miguelito, ya puede pasar sin miedo mi amor, ya no tenga miedo que a las niñas las van a matar, ya paso la desgracia hijito, los gusanos van a castigar a esos diablos!!!

Se lo digo fuerte, se lo digo. Lo abrazo fuerte, fuerte y, de repente, el niño se vuelve y simplemente le da las gracias a la estampita de San Miguel.

Aclaración: Todos los nombres han sido cambiados por razones de seguridad.
Historia Original de Diario Digital Cronio.sv

 

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